
Livia Maria Abadia Cuesta De Valencia
Teacher, Dramatist,
BLANCA FLOR
Esta era
una mujer casada con su
marido, y tenía tres hijos: Pedro,
Juan
y Diego. Entonces ellos dispusieron que
iban a salir a recorrer el mundo, porque cada uno tenía sus
aspiraciones.
Dijo Pedro
que:
---Mamá,
arregleme mis fiambres, que me
voy a caminar.
Pues
entonces le preguntó la mamá; ¿Que
qué quería, si su bendición o cien
pesos? Y él dijo que quería
los cien
pesos y se fue.
Después
dijo Diego, que él también
quería salir a recorrer el mundo.
Entonces
la mamá le dío también sus
cien pesos porque él no quería la bendición.
Cuando llegó la hora de salir Juancito, entonces le dijo
la mamá:
(porque
él era
muy enfermoso y muy cutriaco, y todo enclenque)
---¿Vos,
por dónde vas muchacho, todo
enclenque, todo cutriaco? Va a pasar
trabajo por allá.
---No
mamá, yo me voy.
---¿Que,
qué quieres, la bendición o
tus cien pesos?
---Que no,
que yo quiero mi bendición.
Entonces,
la mamá le echó la bendición:
Se despidió y se fue.
Llegó
por allá y pidió posada después
de caminar, andar, y
caminar,
andar,
caminar y andar. Llegó y
pidió posada
por allí, dónde vió una casa grande, como rara.
Entonces cuándo estaba allí durmiendo, se
levantó por la mañana, cuándo
oye un canto, que cada rato decía una señora:
---Blanca como el papel y
colorado
como la sangre echa tus
soguita
al hombro que ya tu madre se
va
Cuándo
¡chas!, una muchacha que salió
por la ventana tiraba su
cabellera
bien
grande y bien bonita, y por ahí la mamá se fue alisando y
se bajó, y se
fue.
Entonces
él se quedó pendiente todo el
día.
---¿Y
esto porque será? ¿Porque
será esto?
Y no se
movió de allí, estuvo alerta,
cuándo por la tarde regresó la señora otra vez,
que:
---Blanca como el papel y
colorado
como la sangre echa tus
soguita
al hombro que ya tu madre
llegó
Cuándo
¡chas!, tiró otra vez la
muchacha la cabellera por la ventana y la mamá por allí
se fue subiendo, como
por un lazo. Entonces él dijo:
---¡Ah
sí! Ya sé, esto es una
mamá que vive allí con su
hija. Voy a ver.
Estuvo
observando eso como tres días, y
a los tres días hizo lo mismo.Dijo él:
---Voy a subir para allá pa' dónde la muchacha
cuándo la mamá se vaya, a
ver como es ella. Y apenas se fue la
señora, empezó él ahí:
---Blanca como el
papel...(tratando de remedar la voz de la mamá)
---Blanca como el papel y
colorado
como la sangre echa tu
soguita
al hombro que ya tu madre
llegó
Y entonces
la muchacha salí y:
¡Chas!,
le tiró el cabello. Y cogió,
¡Ras, ras! Se montó por
allá. Que:
---¡Ay
señor!, ¿que ha venido a hacer
por acá cuándo mi mamá es una bruja, y hechicera? Mi mamá me mata.
Que vayase
que yo no sé que es esto o
el otro. Era toda nerviosa.
Pero
él empezó de
hablarle, que cómo se llamaba, contándole de dónde
se venía
y un
montón de
cosas. Hicieron la amistad y se quedó allá.
Cuándo
ya era la hora, dijo:
---¡Ay
anda!, vete que ya mi mamá va a
venir y de pronto me mata, que yo no sé que.
Se
bajó él otra vez, pero ya se
quedaron siendo amigos y cada vez que la mamá se iba, entonces,
el subía por
allá y esperaban todo el rato hasta que era hora de venir la
señora.
Empezaron
a jugar y por aquí y por allá. La
mamá tenía unos pajaritos y entonces para
hacer bodas ellos pasaron el tiempo sabroso: los mataron atodos tres. Y en esa jugadera que ellos cogían,
él le
arrancó unas hebras de cabello de oro que eran muy bonitas. Entonces le arrancó tres.
Dijo
ella:
---¡Ay!,
me has matado Juancito. Qué es lo
que has hecho, que ahora viene mi
mamá, y me mata. Nosotros no
podemos
quedarnos aquí. ¡Ay!, es que
yo que hago
y me muero. Nos mata mi mamá, y no
sé
qué, y no sé qué, que no sé que más.
Entonces Juancito no hay otra sino que nos vamos.
Andale ligero, allá al potrero y le traes el
caballo más enclenco que haya, el más feo, el más
achacoso.
Y se fue
Juancito, y ella mientras
tanto se pusó, se arregló, y se sacó los libros de
la brujería de la mamá de un
baúl, y se pusó a escupir. Escupió
en la
sala, en el comedor, en la cocina, en el fogón, en el patio, en
todo esto se
fue escupiendo hasta en el portón.
Cuándo
vino él rapidito.
---¿Cuál
caballo trajiste?
---Que
este.
---¡Ay!,
¡eso no era hombre!, (porque
trajo uno bonito). ¡Ay!, ese no era,
pero en todo caso ya mi mamá viene.
¡Ay!, apúrate pues.
Fueron
recogiendo todo, corrían por
allí, corrían por acá: hasta que montaron todas
las cositas y vieron como se
bajaron de allá. Se montaron en ese
caballo. Ella llevaba un paño de
alfileres, una barra de jabón, un puñado
de
cenizas, un
pedazo de totumo, un pedazo de vidrio, y un montón de cosas
más.Y todas esas
cosas las metió en una mochila.
Se
montaron al caballo y se van
saliendo. ¡Quiti-pun, quiti-pun,
quiti-pun!,
pues
iban pulla'os.
Cuándo
al rato que ellos ya iban en
eso, venía la señora y dijo:
---Blanca como el papel y
colorado
como
la sangre echa tus soguita
al hombro que ya tu madre
llegó
Pero nada.
---Blanca como el papel y
colorado
como la sangre echa tus
soguita
al hombro que ya tu madre
llegó
Y nada.
---BLANCA COMO EL PAPEL...(se
enojó esa vieja)...
...echa tus
soguita
al hombro que ya tu madre
llegó
Ya la
vieja estaba enojada y empezó a
treparse por un tejado, por una pared, y se subió allá
como pudo.
Cuándo
llegó allá la llamaba y como las
salivas le iban contestando:
---¡Que
mamá, aquí estoy! ¡Mamá,
aquí estoy!
Y la
llamaba otra vez:
---¡Mira
Blanca!
---¡Aquí
estoy!
---¿Blanca
qué está haciendo?
---Que me
estoy peinando.
Al rato:
---¡Blanca,
Blanca! ¿Qué está
haciendo?
---Que
estoy en el comedor.
(Las
salivas iban contestando)
---Que
estoy en la cocina.
---Que
estoy en patio.
---¿Blanca
qué estas haciendo?
---Que
estoy en el jardín.
Y
así hasta que le contestó la del
portón, que era ya la última que ella había echado.
Cuándo
otra vez:
---Blanca
Flor qué está haciendo?
Nada.
Dijo:
---¡Ay,
que envalento! Esta muchacha me ha volado.
Y ella se
fue corriendo y subió a los
cuartos.
---¡Ay!,
pero se llevó los libros de la
brujería. ¡Yo qué es lo que voy a hacer!
¡Yo no sé qué!
Y
allí mismo se fue ya al potrero y
cogió el cutriaco, que ese era el caballo que volaba. Y allí mismo lo cogió
y
se montó, y se
fue. Quiti-pun, quiti-pun, quiti-pun,
quiti-pun, quiti-pun.
Al rato
dice la muchacha:
---¡Juancito,
viene mi mamá! ¡Nos va a
coger! ¡Ya en esta vuelta sale!
En
realidad, quiti-pun, quiti-pun, la
vieja iba pullada. Y
ellos también dandole al
caballo, pero el
caballo no andaba tanto como el
otro:
cuándo la
divisaron.
---¡Juancito
nos coge, nos coge, mi
mamá. ¡Ve!
¿La ves allí?
¡Ahí viene!
---¿Y
qué hacemos?
---¡Echa
acá la barra de jabón!
¡Chas!,
le tiró la barra de jabón y
dijo unas palabras de las mismas que iban leyendo en los libros de la
brujería:
¡mágicas! Allí mismo
se le volvió una
loma resbalosa a la mamá. Y
así es que
la mamá cogió, rruuu, rruuu, pí, pí,
pí, piii, se desalisaba y la vieja ya
estaba bien brava y decía:
---¡Ay!,
¡esa diabla, que yo no sé qué!
Mientras
tanto iban ellos; Quiti-pun, quiti-pun,
quiti-pun, quiti-pun,
quiti-pun,
adelante, cuándo al fin y al cabo se le terminó eso,
porque era mientras duraba
la barra de jabón. Cuándo se
acabó la
barra de jabón, volvió otra vez y quedó eso como
estaba. Y siguió la vieja y:
---Ya los
cojo, no los cojo, ya los
cojo, no los cojo....
Y ya que; Quit-pun, quit-pun, quit-pun, quiti-pun,
quiti-pun, ellos pullados. Cuándo
al
fin:
---¡Ay!,
¡nos coge Juancito! ¡Ya nos
coge!
¡Ya nos coge!
Y
cogió y le tiró un paño de alfileres
y ahora se va cogiendo ese
caballo.
---¡Ay,
yayaya, ay, yayaya!---gritaba
el caballo---¡Yayayaya, ya!
Y la vieja:
---¡Ay
dale!---y le daba fuerte.
---¡Ya,ya,ya!---gritaba
hasta que se
terminó los alfileres.
---¡Ay,
Juancito! ¡Ahora sí nos
cogió, mi mamá nos cogió! ¡Apúrate!
¡Dale,
dale!---pullaba a ese caballo,---Guape, guape, quiti-pun, quiti-pun,
quiti-pun.
Y en una
de esas le tiró el puño de
cenizas y se volvió el mundo
oscuro
como en
tinieblas, y ya la vieja no sabía por dónde se
metía. Se
golpiaba
con unos
palos, renegaba:
---¡Esos
malditos!, que no sé qué, no
sé qué más.
Hasta que
se pasó las cenizas.
Cuándo
ya entonces se tiró un poco de
los pedazos de mate, esos se levolvió un bejuquero, una cosa que
no podía el
caballo subir, porque eso se enredaba y se desalisaba todo. Hasta que al fin y al cabo se terminó
eso.
Dijo
ella:
---¡Ahora
sí nos matamos Juancito!, ya
no tengo qué más tirarle. ¿Qué
vamos a
hacer? ¡Ya nos cogió mi
mamá!
¡Ay,
yayaya! Y era el uno adelante y el otro
atrás. Quiti-pun,
quiti-pun,
quiti-pun, quiti-cha-cha-cha-chac, y ya los iban cogiendo.
Ya los iban a coger cuándo llegaron a un río
que tenían que atravesar al otro lado.
Se quedó en un campo estrecho que no tuvo más que
ella y le dijo:
---¡Aquí
Juancito, no hay de otra! ¡Bájate
ligero que en esta vuelta mi mamá
aquí ya nos coge!
Se bajaron. Entonces se volvió Juancito a un
pescador. Ella se
volvió
el
anzuelo, y el caballo lo volvieron el río.
Y entonces allí mismo se bajó el viejito
(Juancito) a pescar con el
anzuelo en la mano, cuándo fue
llegando:
¡quiti-pun, quiti-pun, quiti-pun, y ruuchs!
Frenó el caballo y se bajó. Allí
vió ese viejecito allí pescando y le dijo:
---¡Oiga
señor! ¿Usted no ha visto
pasar por aquí un
caballero con una muchacha?
---Ni pica ni jala
me
voy pa' mi casa
Ay ni pica ni jala
me voy pa' mi casa
---¡Vea
señor! ¿Cómo usted
es... si no me ha visto pasar por
aquí una muchacha con un caballero?
---Ni pica ni jala
me voy pa' mi casa
ni pica ni jala
me voy pa' mi casa
(Decía
el
pescador que era Juancito)
Hasta
que la vieja le dijo:
---Este
diablo, este hombre como es
sordo, o no sé qué.
Allí
mismo cogió, y: ¡rachs!, se montó
en su caballo, se siguió por el otro lado.
Allí
mismo ellos se volvieron otra vez
las mismas personas y siguieron.
Cuándo apenas salieron de allá a
la punta, la
vieja venía y ya los divisó y va cogiendo.
---¡Vea!,
¡lo allá van!---dijo ella.
---¡Ay,
yayaya, ay ayayaya, ay,
ayayaya!
Y ellos
adelante y ella atrás. Y:
---Los
cojo, no los cojo, ya los cojo,
no los cojo, ya los cojo, no los cojo.
---¡Ay
Juancito!, ya nos va a coger mi
mamá. Estamos perdidos. ¿Qué hacemos?
---Entonces
allí mismo fue bajando y no
hubo más que una pampita que había allí.
¡Tras!, se bajaron.
---¡Ay
Juancito!, ¡apura, apura!
Echa al
libro de la brujería, chas,
chas, chas, chas. Buscó allí. Leyó allí mismo.
¡Tras!,
se volvió Juancito en una mesa,
ella se volvió en una
palomita,
y el
caballo en un matecito, uno vacio como para taparlo.
Entonces Juan allí mismo se pusó.
Cuándo
ella llegando, ras, ras, ras,...
---¿Usted
no ha visto pasar por aquí un
caballero con una muchacha?
---Y yo tapando mi palomita
que no se me salga la
palomita
Juancito
tenía un mate y allí abajo la
palomita.
---Y yo tapando mi palomita
que no se me salga la
palomita
---Con
usted, ¿que no me ha visto pasar
por aquí un caballero con una muchacha?
---Y yo tapando mi palomita
que no se me salga la
palomita
Así
hasta que se la voló la vieja.
---¡Ay,
este hombre no sirve! ¡Este como que
es sordo! ¿Ah, es que no oye?
Y se fue
ella adelante. Y cuándo
siguió adelante, ellos se volvieron
otra
vez las
mismas personas, y le hicieron una travesía.
Cuándo salieron allá al extremo los divisó
la vieja.
---¡Vea!,
¡lo allá van!
---Qui,
qui, qui, quiii...---pulló al
caballo.
Y
ellos pullaron también:
---¡Ay,
ayayayaya...!
---¡Ay
Juancito nos coge, nos coge, nos
coge!
La vieja
decía también:
---Ya los
cogo, ya los cojo.
Cuándo
en una de esas encontraron otra
pampita por allá, y dijo:
---¡Ay
Juancito!, baja ligero hombre,
¡echa acá los libros!
Ras, ras,
ras, leía los mismos libros
de la brujería.
Se
convertió ella en una iglesia. Juan
era el sacristán, y el caballo las
campanas.
Entonces
empezó a tocar cuándo divisó a
la vieja:
---Glim, glim, glim, a misa.
Glim, glim, glim, a misa.
Glim, glim, glim, a misa,
a misa.
Dice:
---¿Oye
señor campanero, usted no ha
visto pasar por acá una muchacha con un caballero?

---Glim,
glim, glim, glim, entre a misa
Glim, glim, glim, entre a
misa
Y la vieja
se enojó.
---¡Este
hombre! ¿Yo qué misa voy a
oir cuándo estoy buscando
a mi hija?
Fue
saliendo y se fue. Entonces se volvieron
ellos en las mismas
personas
y
salieron otra vez cuándo la vieja otra vez los divisó.
---¡Esos
que van allá son!
---¡Ay,
ayayayay---y van cogiendo con ese
caballo pulla'o
Cuándo
ya estaba la vieja cansada...,
sin comer, sin dormir, y sin nada: hasta entonces se cogió
allí al pie de una
loma y allí se arrodilló y le dijo:
---Anda
Blanca Flor que él que te lleva
te ha de olvidar.
Entonces
ya la vieja se volvió
trieste. Se vino para su casa. Cuándo ellos voltaron a ver, dijo:
---¡Juancito
se fue mi mamá!
Entonces
se bajaron, se descansaron
allí un rato, charlaron, y ahora se cogieron nuevamente el
caballo. Dijo él:
---Y vamos
llegando a la ciudad, (allá de
dónde él era), ya vamos llegando a
la casa, m'hija. Allá se le hago un
remedio y le doy comida y nos
casamos. Y se
fueron que quiti-pun, quiti-pun,
quiti-pun, quiti-pun, quiti-pun, ..., cuándo ya en fin divisaron
allá, un
poquito antes de llegar a la ciudad, por allí había como
una fuente de allá de
dóndevenían a llevar agua para el pueblo.
Entonces le dijo:
---Bueno
m'hijita, usted se va a quedar
aquí, al pie de la fuente.---
La
puso en la
lomita.--- Se queda aquí, que yo me voy a traer la
música, para entrarle a
usted al pueblo con música y de todo para nuestro matrimonio.
Y la
sentó allí y se fue él para el
pueblo para traer la música. Y ella
se
quedó allí sentada. Y
cuándo en una de
esas venía una mora. Ella iba a
llevar
agua con una cántara. Llegó
y la estaba
llenando de agua cuándovió que en el agua se retraba la
imagen, pues de Blanca
Flor que estaba acá sentada. Entonces
cuándo vió dijo:
---¿Yo
tan blanca, tan bermeja, venir a
cargar agua? ¡Quebráte
cantarilla!
Y
quebró la cantarilla. Entonces
Blanca Flor allá:
---Gua-gua,
gua-gua--- se rió
Entonces
miró ella allá y dijo:
---¡Ah
usted es!
Se
volteó por allá, se subió, y le
enteró tres alfileres de cabecita
en la
cabeza. Como ella también era
bruja,
cuándo le enteró esos tres
alfileres
de
cabecita, la muchacha se volvió en una palomita, y se fue
volando.Entonces
cogió la mora esa y se sentó allá con las piernas
cruzadas. Riéndosese sentó
allí. Cuándo ven:
---Chanque-chorochochin
chechecon-choronchochin, de verdad, que
chorococongo...
Venía la música y un poco de gente, y vino Juan
contento adelante y ya
él les dijo que su muchacha era una blanca bonita que
tenía el pelo de oro:
Cuándo va llegando y encuentra a esta mora allí montada,
allí mismo, él dijo:
---¿Pero
como se me volvió así? ¡Como
era de distinta!---pero sin embargo:
--¡Ay!,
¿ésta fue la que trajo para
casarse?
Pero
él tuvo que
pararse. Se agarró esa y lo
engancharon
y lo traían. Tuvo que casarse con esa, porque el padre
venía, también el cura,
allí con la música. Y
allí mismo se los
casaron, y se ha traído a esa muchacha, pues se vinieron a la
casa y vivían con
toda comodidad, y mucho baile, mucha fiesta, pero todo el mundo
decía:
---¡Oiga
pero tan rara y tan fea la
que él ha traido!
Había
un muchacho que tenían ellos allí, que
cogieron para traer agua de la fuente y todo eso, y le decían
Ortelanito. Entonces el venía a
traer el agua de la
fuente. Cada vez que el muchacho
venía a
traer agua de la fuente llegaba la palomita allí, en el mismo
sitio dónde se
volvió paloma: allí llegaba y le preguntaba al muchacho:
---¿Ortelanito, Ortelanito,
que hace tu amo Juan
y la reina mora?
Entonces
decía Ortelanito:
---Él algunas veces
canta
y otra veces llora.
Entonces
decía ella:
---Dile que así hago yo
cuándo me veo por
estas ásperas montañas.
Y alzaba
el vuelo. Pero siempre le decía
así, pero Ortelanito no
le había dicho a Juancito. Hasta
que un
día vino a Juancito, como eso ya estaba tan seguido. Vino y le dijo:
---Amo,
siempre que yo voy a la fuente
llega una palomita blanquita y me dice:---<<¿Que hace
usted con la reina
mora?>>---y yo le digo que usted algunas veces canta y otras
veces llora.
---Hombre
yo voy para allá a ver quién
es.
En efecto
se vino con él y se escondió
por allá atrasito, a dónde no
la
viera allí
mismo, cuándo apenas llegó la palomita:
---¿Ortelanito, Ortelanito,
que hace tu amo Juan
y la reina mora?
Entonces
le dijo Ortelanito:
---Unas veces canta
y otras veces llora
Entonces
le dijo la palomita:
---Dile que así hago yo
cuándo me veo por
estas ásperas montañas
Y
alzó el vuelo. Entonces ya se vino
Juancito con Ortelanito,
buscaron
un poco
de brea y fueron y lo pusieron allí en el sitió
dónde ella se asentaba, bien
derretida y bien caliente. Así es
cuándo
el otro día fueron y cuándo llegó la palomita a
decirle eso:
---¿Oretelanito, Oretelanito
que hace tu amo Juan
y la reina mora?
---Que unas veces canta
y otras veces llora
---Dile que así hago yo
cuándo me veo por
estas ásperas montañas
Cuándo
iba a alzar el vuelo se quedó
allí pegada. Entonces allí
mismo
Juancito se le tiró encima y la cogió.
Y
se la llevó para la casa. Y
cuándo fue
entrando con la paloma a la casa, la mora maldició.
Y dijo:
---¡Juan yo quiero comer paloma
branca! (sic)
Se la
quería comer porque ella ya sabía
que era la que le había
echado
la
brujería. Pero Juan viéndole
esas ganas
de comer paloma blanca
dijo:
---No, no
la palomita no la voy a
matar.
---¡Ay!,
que Juan yo quiero comer
paloma branca.
---No la
voy a matar.
Se puso a
acariciar la palomita, sobar
la por todos, hasta que le
sintió
los tres
taquitos aquí. Y allí mismo
se los sacó
y cuándo le sacó el último; ¡bris!,
brincó una muchacha. Se
volvió otra vez Blanca Flor, pero él no se
acordaba ya de ella por la maldición que le había echado
la vieja, la suegra,
de que la debía olvidar. Pero ella
apenas lo vió, sí lo conoció.
Ella vió
que era Juancito, pero Juancito no se acordaba nada, nada de ella.
Entonces
ella
empezó a preguntarle a ver si se recordaba.
Le decía:
---¿Juancito
tu te acuerdas cuándo mi
mamá se iba para el trabajo, y
subía
allá a mi casa y nos poníamos a jugar, y matamos a los
canarios y no sé qué?
Y Juancito
decía:
---No me
acuerdo.
---¿Juancito
mío, no te acuerdas el día
cuándo que arrancaste los tres hebras de oro?
Nos tuvimos que ir de la casa, que yo escupí por todos
lados y nos
trajimos los libros de brujería de mi mamá.
---No me
acuerdo.
---¡Ay
Juancito mío! ¿Tu no te
acuerdas cuándo mi mamá iba
persigüiéndonos
y
primero le tiramos una barra de jabón?
---No me
acuerdo.
---¿Que
cuándo ya nos iba a alcanzar le
tiramos un paño de alfileres?
---No me
acuerdo.
---¡Ay
Juancito!, no te acuerdas cuándo
le tiramos el puñado de cenizas?
---No me
acuerdo.
---¡Ay
Juancito!, ¿no te acuerdas
cuando yo me volví una iglesia y tu te volviste el
sacristán?
---¡Como
que me voy acordando!
---¡Ay!,
¿no te acuerdas Juancito que
vinimos y me dejaste allí al pie de una fuente y no sé
qué?
---¡Sí
me acuerdo!
Y
allí mismo se abrasaron y dijo:
---¡Ay!,
¡ésta es mi señora, ésta es la
muchacha que yo traía, mi
Blanca Flor!
Y
allí mismo fueron, buscaron dos
caballos chuscaro' y montaron a la mora.
La picaron y la rajaron y la tapiaron.
Y contando
y contando se acabó mi
cuento. Perico sargento, y él que
no lo
oyó que se eché viento.
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