Dona Livia

 

Livia Maria Abadia Cuesta De Valencia

Teacher, Dramatist, Raconteur, Community activist, and Folklorist, she  was instrumental  in founding  the Jorge Isaacs  Cultural  Center  in  Quibdo, Departamento del  Choco, Colombia.  In the mid 1930's she  collected  "Blanca  Flor"  for a school project.  She recorded  the  story  in 1968 and reviewed my  transcription  in 1997, leaving it unchanged.  The illustrations were done by Jhon Air Palacios D. in 1997 in Quibdo.

 

                    BLANCA FLOR

 

        Esta era una mujer casada con su marido, y tenía tres hijos:  Pedro, Juan y Diego.  Entonces ellos dispusieron que iban a salir a recorrer el mundo, porque cada uno tenía sus aspiraciones.

        Dijo Pedro que:

        ---Mamá, arregleme mis fiambres, que me voy a caminar.

        Pues entonces le preguntó la mamá;  ¿Que qué quería, si su bendición o cien pesos?  Y él dijo que quería los cien pesos y se fue.

        Después dijo Diego, que él también quería salir a recorrer el mundo.

        Entonces la mamá le dío también sus cien pesos porque él no quería la bendición.

        Cuando llegó la hora de salir Juancito, entonces le dijo la mamá:

(porque él era muy enfermoso y muy cutriaco, y todo enclenque)

         ---¿Vos, por dónde vas muchacho, todo enclenque, todo cutriaco?  Va a pasar trabajo por allá.

        ---No mamá, yo me voy.

        ---¿Que, qué quieres, la bendición o tus cien pesos?

        ---Que no, que yo quiero mi bendición.

        Entonces, la mamá le echó la bendición: Se despidió y se fue.

        Llegó por allá y pidió posada después de caminar, andar, y

caminar, andar, caminar y andar.  Llegó y pidió posada por allí, dónde vió una casa grande, como rara.  Entonces cuándo estaba allí durmiendo, se levantó por la mañana, cuándo oye un canto, que cada rato decía una señora:

                                                    

               ---Blanca como el papel y colorado

                   como la sangre echa tus soguita

                   al hombro que ya tu madre se va

                                                   

        Cuándo ¡chas!, una muchacha que salió por la ventana tiraba su

cabellera bien grande y bien bonita, y por ahí la mamá se fue alisando y se bajó, y se fue. 

        Entonces él se quedó pendiente todo el día.

        ---¿Y esto porque será?  ¿Porque será esto?

        Y no se movió de allí, estuvo alerta, cuándo por la tarde regresó la señora otra vez, que:

 

               ---Blanca como el papel y colorado

                   como la sangre echa tus soguita

                   al hombro que ya tu madre llegó

 

        Cuándo ¡chas!, tiró otra vez la muchacha la cabellera por la ventana y la mamá por allí se fue subiendo, como por un lazo.  Entonces él dijo:

        ---¡Ah sí!  Ya sé, esto es una mamá que vive allí con su hija.  Voy a ver.

        Estuvo observando eso como tres días, y a los tres días hizo lo mismo.Dijo él:

        ---Voy a subir para allá pa' dónde la muchacha cuándo la mamá se vaya, a ver como es ella.  Y apenas se fue la señora, empezó él ahí:

 

                ---Blanca como el papel...(tratando de remedar la voz de la mamá)

                ---Blanca como el papel y colorado

                   como la sangre echa tu soguita

                   al hombro que ya tu madre llegó

 

        Y entonces la muchacha salí y:

        ¡Chas!, le tiró el cabello.  Y cogió, ¡Ras, ras!  Se montó por allá. Que:

        ---¡Ay señor!, ¿que ha venido a hacer por acá cuándo mi mamá es una bruja, y hechicera?  Mi mamá me mata.

        Que vayase que yo no sé que es esto o el otro. Era toda nerviosa. 

Pero él empezó de hablarle, que cómo se llamaba, contándole de dónde se venía

y un montón de cosas. Hicieron la amistad y se quedó allá.

        Cuándo ya era la hora, dijo:

        ---¡Ay anda!, vete que ya mi mamá va a venir y de pronto me mata, que yo no sé que.

        Se bajó él otra vez, pero ya se quedaron siendo amigos y cada vez que la mamá se iba, entonces, el subía por allá y esperaban todo el rato hasta que era hora de venir la señora.

        Empezaron a jugar y por aquí y por allá.  La mamá tenía unos pajaritos y entonces para hacer bodas ellos pasaron el tiempo sabroso: los mataron atodos tres.  Y en esa jugadera que ellos cogían, él le arrancó unas hebras de cabello de oro que eran muy bonitas.  Entonces le arrancó tres.

        Dijo ella:

        ---¡Ay!, me has matado Juancito.  Qué es lo que has hecho, que ahora viene mi mamá, y me mata.  Nosotros no podemos quedarnos aquí.  ¡Ay!, es que yo que hago y me muero.  Nos mata mi mamá, y no sé qué, y no sé qué, que no sé que más.  Entonces Juancito no hay otra sino que nos vamos.  Andale ligero, allá al potrero y le traes el caballo más enclenco que haya, el más feo, el más achacoso.

        Y se fue Juancito, y ella mientras tanto se pusó, se arregló, y se sacó los libros de la brujería de la mamá de un baúl, y se pusó a escupir.  Escupió en la sala, en el comedor, en la cocina, en el fogón, en el patio, en todo esto se fue escupiendo hasta en el portón.

        Cuándo vino él rapidito.

        ---¿Cuál caballo trajiste?

        ---Que este.

        ---¡Ay!, ¡eso no era hombre!, (porque trajo uno bonito).  ¡Ay!, ese no era, pero en todo caso ya mi mamá viene.  ¡Ay!, apúrate pues.

        Fueron recogiendo todo, corrían por allí, corrían por acá: hasta que montaron todas las cositas y vieron como se bajaron de allá.  Se montaron en ese caballo.  Ella llevaba un paño de alfileres, una barra de jabón, un puñado

de cenizas, un pedazo de totumo, un pedazo de vidrio, y un montón de cosas más.Y todas esas cosas las metió en una mochila.

        Se montaron al caballo y se van saliendo.  ¡Quiti-pun, quiti-pun,

quiti-pun!, pues iban pulla'os.

        Cuándo al rato que ellos ya iban en eso, venía la señora y dijo:

               

 

                ---Blanca como el papel y colorado

                    como la sangre echa tus soguita

                    al hombro que ya tu madre llegó

 

        Pero nada.

 

                ---Blanca como el papel y colorado

                    como la sangre echa tus soguita

                    al hombro que ya tu madre llegó

 

        Y nada.

 

                ---BLANCA COMO EL PAPEL...(se enojó esa vieja)...

                                ...echa tus soguita

                    al hombro que ya tu madre llegó

 

        Ya la vieja estaba enojada y empezó a treparse por un tejado, por una pared, y se subió allá como pudo.

        Cuándo llegó allá la llamaba y como las salivas le iban contestando:

        ---¡Que mamá, aquí estoy!  ¡Mamá, aquí estoy!

        Y la llamaba otra vez:

        ---¡Mira Blanca!

        ---¡Aquí estoy!

        ---¿Blanca qué está haciendo?

        ---Que me estoy peinando.

 

        Al rato:

        ---¡Blanca, Blanca!  ¿Qué está haciendo?

        ---Que estoy en el comedor.

        (Las salivas iban contestando)

        ---Que estoy en la cocina.

        ---Que estoy en patio.

        ---¿Blanca qué estas haciendo?

        ---Que estoy en el jardín.

        Y así hasta que le contestó la del portón, que era ya la última que ella había echado.

        Cuándo otra vez:

        ---Blanca Flor qué está haciendo?

        Nada.

        Dijo:

        ---¡Ay, que envalento!  Esta muchacha me ha volado.

        Y ella se fue corriendo y subió a los cuartos.

        ---¡Ay!, pero se llevó los libros de la brujería. ¡Yo qué es lo que voy a hacer!  ¡Yo no sé qué!

        Y allí mismo se fue ya al potrero y cogió el cutriaco, que ese era el caballo que volaba.  Y allí mismo lo cogió y   se montó, y se fue.  Quiti-pun, quiti-pun, quiti-pun, quiti-pun, quiti-pun.

        Al rato dice la muchacha:

        ---¡Juancito, viene mi mamá!  ¡Nos va a coger!  ¡Ya en esta vuelta sale!

        En realidad, quiti-pun, quiti-pun, la vieja iba pullada.  Y

ellos también dandole al caballo, pero el caballo no andaba tanto como el

otro: cuándo la divisaron.

        ---¡Juancito nos coge, nos coge, mi mamá.  ¡Ve!  ¿La ves allí?  ¡Ahí viene!

        ---¿Y qué hacemos?

        ---¡Echa acá la barra de jabón!

        ¡Chas!, le tiró la barra de jabón y dijo unas palabras de las mismas que iban leyendo en los libros de la brujería: ¡mágicas!  Allí mismo se le volvió una loma resbalosa a la mamá.  Y así es que la mamá cogió, rruuu, rruuu, pí, pí, pí, piii, se desalisaba y la vieja ya estaba bien brava y decía:

        ---¡Ay!, ¡esa diabla, que yo no sé qué!

        Mientras tanto iban ellos;  Quiti-pun, quiti-pun, quiti-pun, quiti-pun,

quiti-pun, adelante, cuándo al fin y al cabo se le terminó eso, porque era mientras duraba la barra de jabón.  Cuándo se acabó la barra de jabón, volvió otra vez y quedó eso como estaba.  Y siguió la vieja y:

        ---Ya los cojo, no los cojo, ya los cojo, no los cojo....

        Y ya que;  Quit-pun, quit-pun, quit-pun, quiti-pun, quiti-pun, ellos pullados.  Cuándo al fin:

        ---¡Ay!, ¡nos coge Juancito!  ¡Ya nos coge!  ¡Ya nos coge!

        Y cogió y le tiró un paño de alfileres y ahora se va cogiendo ese

caballo.

        ---¡Ay, yayaya, ay, yayaya!---gritaba el caballo---¡Yayayaya, ya!

        Y la vieja:

        ---¡Ay dale!---y le daba fuerte.

        ---¡Ya,ya,ya!---gritaba hasta que se terminó los alfileres.

        ---¡Ay, Juancito!  ¡Ahora sí nos cogió, mi mamá nos cogió!  ¡Apúrate! 

¡Dale, dale!---pullaba a ese caballo,---Guape, guape, quiti-pun, quiti-pun, quiti-pun.

        Y en una de esas le tiró el puño de cenizas y se volvió el mundo

oscuro como en tinieblas, y ya la vieja no sabía por dónde se metía.  Se

golpiaba con unos palos, renegaba:

        ---¡Esos malditos!, que no sé qué, no sé qué más. 

        Hasta que se pasó las cenizas.

        Cuándo ya entonces se tiró un poco de los pedazos de mate, esos se levolvió un bejuquero, una cosa que no podía el caballo subir, porque eso se enredaba y se desalisaba todo.  Hasta que al fin y al cabo se terminó eso.

        Dijo ella:

        ---¡Ahora sí nos matamos Juancito!, ya no tengo qué más tirarle.  ¿Qué vamos a hacer?  ¡Ya nos cogió mi mamá!

        ¡Ay, yayaya!  Y era el uno adelante y el otro atrás.  Quiti-pun,

quiti-pun, quiti-pun, quiti-cha-cha-cha-chac, y ya los iban cogiendo.  Ya los iban a coger cuándo llegaron a un río que tenían que atravesar al otro lado.  Se quedó en un campo estrecho que no tuvo más que ella y le dijo:

        ---¡Aquí Juancito, no hay de otra!  ¡Bájate ligero que en esta vuelta mi mamá aquí ya nos coge!

        Se bajaron.  Entonces se volvió Juancito a un pescador.  Ella se

volvió el anzuelo, y el caballo lo volvieron el río.  Y entonces allí mismo se bajó el viejito (Juancito) a pescar con el anzuelo en la mano, cuándo fue

llegando: ¡quiti-pun, quiti-pun, quiti-pun, y ruuchs!  Frenó el caballo y se bajó.  Allí vió ese viejecito allí pescando y le dijo:

         ---¡Oiga señor!  ¿Usted no ha visto pasar por aquí un caballero con una muchacha?

 

                ---Ni pica ni jala

                    me voy pa' mi casa

                    Ay ni pica ni jala

                    me voy pa' mi casa

 

        ---¡Vea señor!  ¿Cómo usted es... si no me ha visto pasar por aquí una muchacha con un caballero?

     

                ---Ni pica ni jala

                    me voy pa' mi casa

                    ni pica ni jala

                    me voy pa' mi casa

 

(Decía el pescador que era Juancito)

        Hasta que la vieja le dijo:

        ---Este diablo, este hombre como es sordo, o no sé qué.

        Allí mismo cogió, y: ¡rachs!, se montó en su caballo, se siguió por el otro lado. 

        Allí mismo ellos se volvieron otra vez las mismas personas y siguieron.

  Cuándo apenas salieron de allá a la punta, la vieja venía y ya los divisó y va cogiendo.

        ---¡Vea!, ¡lo allá van!---dijo ella.

        ---¡Ay, yayaya, ay ayayaya, ay, ayayaya!

        Y ellos adelante y ella atrás.  Y:

        ---Los cojo, no los cojo, ya los cojo, no los cojo, ya los cojo, no los cojo.

        ---¡Ay Juancito!, ya nos va a coger mi mamá.  Estamos perdidos.  ¿Qué hacemos?

        ---Entonces allí mismo fue bajando y no hubo más que una pampita que había allí.  ¡Tras!, se bajaron.

        ---¡Ay Juancito!, ¡apura, apura!

        Echa al libro de la brujería, chas, chas, chas, chas.  Buscó allí.  Leyó allí mismo.

        ¡Tras!, se volvió Juancito en una mesa, ella se volvió en una

palomita, y el caballo en un matecito, uno vacio como para taparlo.  Entonces Juan allí mismo se pusó. 

        Cuándo ella llegando, ras, ras, ras,...

        ---¿Usted no ha visto pasar por aquí un caballero con una muchacha?

               

                ---Y yo tapando mi palomita

                    que no se me salga la palomita

 

        Juancito tenía un mate y allí abajo la palomita.

 

                ---Y yo tapando mi palomita

                    que no se me salga la palomita

 

        ---Con usted, ¿que no me ha visto pasar por aquí un caballero con una muchacha?

 

                ---Y yo tapando mi palomita

                    que no se me salga la palomita

 

        Así hasta que se la voló la vieja.

        ---¡Ay, este hombre no sirve!  ¡Este como que es sordo!  ¿Ah, es que no oye?

        Y se fue ella adelante.  Y cuándo siguió adelante, ellos se volvieron

otra vez las mismas personas, y le hicieron una travesía.  Cuándo salieron allá al extremo los divisó la vieja. 

        ---¡Vea!, ¡lo allá van!

        ---Qui, qui, qui, quiii...---pulló al caballo.

        Y ellos pullaron también:

        ---¡Ay, ayayayaya...!

        ---¡Ay Juancito nos coge, nos coge, nos coge!

        La vieja decía también:

        ---Ya los cogo, ya los cojo.

        Cuándo en una de esas encontraron otra pampita por allá, y dijo:

        ---¡Ay Juancito!, baja ligero hombre, ¡echa acá los libros!

        Ras, ras, ras, leía los mismos libros de la brujería.  

        Se convertió ella en una iglesia.  Juan era el sacristán, y el caballo las campanas.

        Entonces empezó a tocar cuándo divisó a la vieja:

 

                 ---Glim, glim, glim, a misa.

                     Glim, glim, glim, a misa.

                     Glim, glim, glim, a misa, a misa.

       

       Dice:

       ---¿Oye señor campanero, usted no ha visto pasar por acá una muchacha con un caballero?

 

                ---Glim, glim, glim, glim, entre a misa

                    Glim, glim, glim, entre a misa

 

        Y la vieja se enojó.

        ---¡Este hombre!  ¿Yo qué misa voy a oir cuándo estoy buscando a mi hija?

        Fue saliendo y se fue.  Entonces se volvieron ellos en las mismas

personas y salieron otra vez cuándo la vieja otra vez los divisó.

        ---¡Esos que van allá son!

        ---¡Ay, ayayayay---y van cogiendo con ese caballo pulla'o

        Cuándo ya estaba la vieja cansada..., sin comer, sin dormir, y sin nada: hasta entonces se cogió allí al pie de una loma y allí se arrodilló y le dijo:

        ---Anda Blanca Flor que él que te lleva te ha de olvidar.

        Entonces ya la vieja se volvió trieste.  Se vino para su casa.  Cuándo ellos voltaron a ver, dijo:

        ---¡Juancito se fue mi mamá!

        Entonces se bajaron, se descansaron allí un rato, charlaron, y ahora se cogieron nuevamente el caballo.  Dijo él:

        ---Y vamos llegando a la ciudad,  (allá de dónde él era), ya vamos llegando a la casa, m'hija.  Allá se le hago un remedio y le doy comida y nos

casamos.        Y se fueron que quiti-pun, quiti-pun, quiti-pun, quiti-pun, quiti-pun, ..., cuándo ya en fin divisaron allá, un poquito antes de llegar a la ciudad, por allí había como una fuente de allá de dóndevenían a llevar agua para el pueblo.  Entonces le dijo:

        ---Bueno m'hijita, usted se va a quedar aquí, al pie de la fuente.---

La puso en la lomita.--- Se queda aquí, que yo me voy a traer la música, para entrarle a usted al pueblo con música y de todo para nuestro matrimonio.

        Y la sentó allí y se fue él para el pueblo para traer la música.  Y ella se quedó allí sentada.  Y cuándo en una de esas venía una mora.  Ella iba a llevar agua con una cántara.  Llegó y la estaba llenando de agua cuándovió que en el agua se retraba la imagen, pues de Blanca Flor que estaba acá sentada.  Entonces cuándo vió dijo:

        ---¿Yo tan blanca, tan bermeja, venir a cargar agua?  ¡Quebráte

cantarilla!

        Y quebró la cantarilla.  Entonces Blanca Flor allá:

        ---Gua-gua, gua-gua--- se rió

        Entonces miró ella allá y dijo:

        ---¡Ah usted es!

        Se volteó por allá, se subió, y le enteró tres alfileres de cabecita

en la cabeza.  Como ella también era bruja, cuándo le enteró esos tres

alfileres de cabecita, la muchacha se volvió en una palomita, y se fue volando.Entonces cogió la mora esa y se sentó allá con las piernas cruzadas.  Riéndosese sentó allí.  Cuándo ven:

        ---Chanque-chorochochin chechecon-choronchochin, de verdad, que

chorococongo...

        Venía la música y un poco de gente, y vino Juan contento adelante y ya él les dijo que su muchacha era una blanca bonita que tenía el pelo de oro: Cuándo va llegando y encuentra a esta mora allí montada, allí mismo, él dijo:

        ---¿Pero como se me volvió así?  ¡Como era de distinta!---pero sin embargo:

        --¡Ay!, ¿ésta fue la que trajo para casarse?

Pero él tuvo que pararse.  Se agarró esa y lo engancharon y lo traían. Tuvo que casarse con esa, porque el padre venía, también el cura, allí con la música.  Y allí mismo se los casaron, y se ha traído a esa muchacha, pues se vinieron a la casa y vivían con toda comodidad, y mucho baile, mucha fiesta, pero todo el mundo decía:

         ---¡Oiga pero tan rara y tan fea la que él ha traido!

        Había un muchacho que tenían ellos allí, que cogieron para traer agua de la fuente y todo eso, y le decían Ortelanito.  Entonces el venía a traer el agua de la fuente.  Cada vez que el muchacho venía a traer agua de la fuente llegaba la palomita allí, en el mismo sitio dónde se volvió paloma: allí llegaba y le preguntaba al muchacho:

 

                ---¿Ortelanito, Ortelanito,

                    que hace tu amo Juan

                    y la reina mora?

 

        Entonces decía Ortelanito:

 

                ---Él algunas veces canta

                    y otra veces llora.

 

        Entonces decía ella:

 

                ---Dile que así hago yo

                    cuándo me veo por

                    estas ásperas montañas.


        Y alzaba el vuelo.  Pero siempre le decía así, pero Ortelanito no le había dicho a Juancito.  Hasta que un día vino a Juancito, como eso ya estaba tan seguido.  Vino y le dijo:

        ---Amo, siempre que yo voy a la fuente llega una palomita blanquita y me dice:---<<¿Que hace usted con la reina mora?>>---y yo le digo que usted algunas veces canta y otras veces llora.

        ---Hombre yo voy para allá a ver quién es.

        En efecto se vino con él y se escondió por allá atrasito, a dónde no

la viera allí mismo, cuándo apenas llegó la palomita:

 

 

                ---¿Ortelanito, Ortelanito,

                    que hace tu amo Juan

                    y la reina mora?

 

        Entonces le dijo Ortelanito:

 

                ---Unas veces canta

                    y otras veces llora

 

        Entonces le dijo la palomita:

 

                ---Dile que así hago yo

                    cuándo me veo por

                    estas ásperas montañas

 

        Y alzó el vuelo.  Entonces ya se vino Juancito con Ortelanito,

buscaron un poco de brea y fueron y lo pusieron allí en el sitió dónde ella se asentaba, bien derretida y bien caliente.  Así es cuándo el otro día fueron y cuándo llegó la palomita a decirle eso:

 

                ---¿Oretelanito, Oretelanito

                    que hace tu amo Juan

                    y la reina mora?


                ---Que unas veces canta

                    y otras veces llora

 

                ---Dile que así hago yo

                    cuándo me veo por

                    estas ásperas montañas

 

        Cuándo iba a alzar el vuelo se quedó allí pegada.  Entonces allí mismo Juancito se le tiró encima y la cogió.  Y se la llevó para la casa.  Y cuándo fue entrando con la paloma a la casa, la mora maldició.  Y dijo:

                ---¡Juan yo quiero comer paloma branca! (sic)

        Se la quería comer porque ella ya sabía que era la que le había

echado la brujería.  Pero Juan viéndole esas ganas de comer paloma blanca

dijo:

        ---No, no la palomita no la voy a matar.

        ---¡Ay!, que Juan yo quiero comer paloma branca.

        ---No la voy a matar.

        Se puso a acariciar la palomita, sobar la por todos, hasta que le

sintió los tres taquitos aquí.  Y allí mismo se los sacó y cuándo le sacó el último; ¡bris!, brincó una muchacha.  Se volvió otra vez Blanca Flor, pero él no se acordaba ya de ella por la maldición que le había echado la vieja, la suegra, de que la debía olvidar.  Pero ella apenas lo vió, sí lo conoció.  Ella vió que era Juancito, pero Juancito no se acordaba nada, nada de ella. 

Entonces ella empezó a preguntarle a ver si se recordaba.  Le decía:

        ---¿Juancito tu te acuerdas cuándo mi mamá se iba para el trabajo,  y subía allá a mi casa y nos poníamos a jugar, y matamos a los canarios y no sé qué?

        Y Juancito decía:

        ---No me acuerdo.

        ---¿Juancito mío, no te acuerdas el día cuándo que arrancaste los tres hebras de oro?  Nos tuvimos que ir de la casa, que yo escupí por todos lados y nos trajimos los libros de brujería de mi mamá.

        ---No me acuerdo.

        ---¡Ay Juancito mío!  ¿Tu no te acuerdas cuándo mi mamá iba

persigüiéndonos y primero le tiramos una barra de jabón?

        ---No me acuerdo.

        ---¿Que cuándo ya nos iba a alcanzar le tiramos un paño de alfileres?

        ---No me acuerdo.

        ---¡Ay Juancito!, no te acuerdas cuándo le tiramos el puñado de cenizas?

        ---No me acuerdo.

        ---¡Ay Juancito!, ¿no te acuerdas cuando yo me volví una iglesia y tu te volviste el sacristán?

        ---¡Como que me voy acordando!

        ---¡Ay!, ¿no te acuerdas Juancito que vinimos y me dejaste allí al pie de una fuente y no sé qué?

        ---¡Sí me acuerdo!

        Y allí mismo se abrasaron y dijo:

        ---¡Ay!, ¡ésta es mi señora, ésta es la muchacha que yo traía, mi

 Blanca Flor!

        Y allí mismo fueron, buscaron dos caballos chuscaro' y montaron a la mora.  La picaron y la rajaron y la tapiaron.

 

        Y contando y contando se acabó mi cuento.  Perico sargento, y él que no lo oyó que se eché viento.



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